Invertir dinero puede parecer complicado cuando empiezas a investigar sobre bolsa, fondos de inversión, acciones, bonos, ETF y otros productos financieros. Además, la cantidad de información disponible en internet puede generar todavía más dudas: ¿cuánto dinero hace falta para empezar?, ¿qué riesgos existen?, ¿dónde debería invertir?, ¿es mejor invertir todo de una vez o hacerlo poco a poco?
La realidad es que aprender a invertir no consiste en encontrar una inversión que vaya a subir necesariamente, sino en comprender cómo funcionan los diferentes productos financieros, qué riesgos tienen y qué relación existe entre esos riesgos y la posible rentabilidad.
La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) recuerda que todos los productos de inversión incorporan algún nivel de riesgo y que es fundamental comprender sus características antes de invertir.
Por eso, antes de pensar en qué comprar, conviene conocer algunos conceptos básicos.
¿Qué significa invertir dinero?
Invertir consiste, de forma general, en destinar dinero a un activo o producto financiero con la expectativa de obtener una rentabilidad en el futuro.
La diferencia entre ahorrar e invertir es importante. Cuando ahorras, normalmente buscas conservar tu dinero y disponer de él cuando lo necesites. Cuando inviertes, aceptas determinado nivel de incertidumbre con el objetivo de que tu dinero pueda crecer.
Ese crecimiento no está garantizado. Dependiendo del producto elegido y de la evolución de los mercados, puedes obtener beneficios, no conseguir rentabilidad o incluso perder parte del capital invertido.
Por eso, invertir no debería plantearse como una forma rápida de ganar dinero, sino como una herramienta que puede formar parte de una planificación financiera a medio o largo plazo.
Antes de invertir, crea un colchón de seguridad
Uno de los primeros errores de los principiantes es pensar que todo el dinero disponible debería ponerse a trabajar.
Antes de invertir, es importante diferenciar entre el dinero que puedes necesitar para afrontar gastos inesperados y aquel que no vas a necesitar a corto o medio plazo.

El Banco de España recomienda separar el ahorro destinado a imprevistos del dinero que realmente está disponible para invertir. Para el fondo de emergencia pueden utilizarse productos de ahorro con disponibilidad del dinero, mientras que la cantidad destinada a inversión puede plantearse con un horizonte temporal diferente.
Por ejemplo, si necesitas utilizar dentro de unos meses el dinero que has reservado para una reparación, una matrícula o cualquier otro gasto importante, probablemente no sea buena idea asumir con ese dinero la volatilidad de una inversión.
La inversión debería hacerse con dinero que puedas mantener invertido durante el periodo que requiera el producto.
Define para qué quieres invertir
No es lo mismo invertir pensando en un objetivo dentro de dos años que hacerlo pensando en un objetivo dentro de veinte.
Antes de elegir un producto financiero, conviene establecer qué quieres conseguir, cuánto tiempo puedes mantener el dinero invertido y qué nivel de riesgo estás dispuesto a asumir.
La CNMV recomienda determinar previamente los objetivos de inversión, el plazo y el nivel de riesgo que se desea asumir. También señala que el producto debe ser adecuado para el horizonte temporal y las necesidades del inversor.
Tener un objetivo concreto puede ayudarte a evitar decisiones impulsivas cuando los mercados atraviesen periodos de incertidumbre.
Riesgo y rentabilidad: dos conceptos relacionados
Uno de los conceptos más importantes que debe comprender cualquier principiante es la relación entre riesgo y rentabilidad.
En términos generales, las inversiones que ofrecen posibilidades de obtener una rentabilidad mayor suelen implicar también un mayor nivel de riesgo. Eso significa que existe una posibilidad más elevada de sufrir pérdidas o de experimentar variaciones importantes en el valor de la inversión.
No existe una inversión que proporcione una rentabilidad elevada, garantizada y sin riesgo.
Por eso conviene desconfiar de cualquier propuesta que prometa beneficios extraordinarios sin explicar claramente qué riesgos implica.
¿Qué es la renta fija?
La renta fija engloba diferentes instrumentos de deuda mediante los que un inversor presta dinero a un emisor, que puede ser, por ejemplo, un Estado o una empresa.
Aunque tradicionalmente se asocia con inversiones más conservadoras, es importante no confundir renta fija con ausencia de riesgo. El valor de algunos instrumentos puede cambiar y existen diferentes riesgos, como el riesgo de crédito o el riesgo de mercado.
Por tanto, antes de invertir en un producto de renta fija es necesario conocer sus condiciones, plazo, emisor y posibles costes.

¿Qué es la renta variable?
La renta variable incluye productos cuyo valor puede fluctuar de manera significativa. Las acciones son uno de los ejemplos más conocidos.
Cuando compras acciones de una empresa, adquieres una participación en ella y el valor de esa inversión puede subir o bajar con el tiempo.
La renta variable puede ofrecer oportunidades de crecimiento a largo plazo, pero también puede experimentar caídas importantes. Por ese motivo, no suele tener sentido analizarla únicamente observando la rentabilidad de los últimos meses.
El horizonte temporal y la capacidad de asumir pérdidas temporales son factores importantes.
¿Qué son los fondos de inversión?
Un fondo de inversión reúne el dinero de diferentes inversores y lo utiliza para construir una cartera de activos de acuerdo con una determinada política de inversión.
Una de sus características es que permite acceder a una cartera diversificada sin tener que seleccionar individualmente cada activo.
Sin embargo, no todos los fondos son iguales. Pueden invertir en diferentes mercados, sectores y tipos de activos, y también presentan distintos niveles de riesgo y gastos.
Antes de contratar un fondo conviene leer el documento de datos fundamentales para el inversor, conocido como DFI, donde se recoge información relevante sobre sus características, riesgos, gastos y condiciones.
¿Qué es un ETF?
Los ETF, o fondos cotizados, son fondos que se negocian en un mercado y cuyo precio puede consultarse durante la sesión de negociación.
Al igual que ocurre con otros fondos, es importante conocer qué activos siguen o en qué invierten, cuáles son sus gastos y qué riesgos presentan. La CNMV recomienda revisar la documentación del producto antes de tomar una decisión de inversión.
Que un ETF sea conocido o siga un índice determinado no significa que esté libre de riesgo. Su valor puede subir y bajar y el inversor puede perder dinero.
La importancia de diversificar
Diversificar significa distribuir el dinero entre diferentes inversiones en lugar de concentrarlo todo en un único activo.
La lógica es sencilla: si todo tu dinero depende de una única empresa, sector o mercado, un acontecimiento negativo relacionado con ese activo puede afectar a toda tu inversión.
Al repartir el dinero entre diferentes activos, el impacto de la caída de uno de ellos puede reducirse sobre el conjunto de la cartera. El Banco de España utiliza precisamente la idea de “no poner todos los huevos en la misma cesta” para explicar el concepto de diversificación.
La diversificación no elimina el riesgo, pero puede ayudar a reducir determinados riesgos asociados a concentrar demasiado una inversión.
¿Cuánto dinero hace falta para empezar?
No existe una cantidad universal que determine cuándo puedes empezar a invertir.
Algunas personas pueden comenzar con cantidades pequeñas y realizar aportaciones periódicas, mientras que otras prefieren acumular primero un determinado nivel de ahorro.

Más importante que empezar con una cantidad elevada es comprender el producto elegido, sus costes, sus riesgos y el tiempo durante el cual puedes mantener la inversión.
Una estrategia basada en aportaciones periódicas puede ayudar a establecer un hábito y evitar que toda la inversión dependa de un único momento de entrada, aunque tampoco elimina las pérdidas ni garantiza una rentabilidad determinada.
¿Invertir de golpe o poco a poco?
Esta es una duda frecuente entre quienes comienzan.
Invertir todo el dinero disponible en un momento concreto significa asumir las condiciones del mercado de ese momento. Hacer aportaciones periódicas distribuye las compras a lo largo del tiempo.
Cada enfoque tiene ventajas e inconvenientes y no existe una fórmula que pueda garantizar mejores resultados en todas las situaciones.
Lo fundamental es que la estrategia elegida sea coherente con tu situación económica, tu horizonte temporal y tu tolerancia al riesgo.
No olvides las comisiones
Los costes pueden parecer pequeños, pero tienen importancia porque reducen la rentabilidad final de una inversión.
Antes de contratar cualquier producto conviene revisar las comisiones de compra, venta, gestión, mantenimiento u otros gastos que puedan aplicarse.
La CNMV recomienda prestar atención a las comisiones y demás gastos asociados, ya que afectan a la rentabilidad final obtenida por el inversor.
Por eso, dos productos que parecen similares pueden tener resultados diferentes después de contabilizar todos sus costes.
Evita invertir en productos que no entiendes
Uno de los mejores consejos para cualquier principiante es evitar la necesidad de invertir constantemente.
No es obligatorio invertir en el producto más complejo ni seguir cada tendencia que aparece en internet.
La CNMV aconseja no invertir en productos cuyas características y riesgos no se comprenden y señala que los productos más complejos pueden implicar mayores dificultades para el inversor.
Antes de poner tu dinero en cualquier producto, deberías poder explicar con palabras sencillas cómo funciona, de dónde podría proceder su rentabilidad, qué podría hacer que perdieras dinero y cuáles son sus costes.
Si no puedes responder a esas preguntas, probablemente necesites informarte mejor antes de tomar una decisión.

Cuidado con las promesas de dinero fácil
Internet está lleno de contenidos relacionados con inversiones, especialmente en redes sociales.
Algunos presentan determinadas estrategias como una forma sencilla de conseguir beneficios rápidos. Sin embargo, una inversión no debería analizarse solamente por su posible beneficio.
También hay que estudiar qué puede salir mal.
La CNMV recomienda comprobar que los intermediarios que ofrecen servicios de inversión están autorizados y registrados, especialmente cuando se recibe una propuesta de una entidad desconocida.
Desconfiar de las rentabilidades extraordinarias garantizadas y comprobar la identidad y autorización de la entidad son medidas básicas de prudencia.
Conclusión: invertir empieza por aprender
Empezar a invertir no consiste en descubrir cuál será la próxima inversión que más subirá. Consiste en construir unos conocimientos básicos que permitan tomar decisiones de forma responsable.
Antes de invertir, conviene disponer de un colchón para imprevistos, definir los objetivos, establecer un horizonte temporal y valorar cuánto riesgo puedes asumir.
Después, es importante conocer los diferentes productos disponibles, comparar sus costes, diversificar y evitar cualquier inversión que no entiendas.
La inversión puede formar parte de una estrategia financiera a largo plazo, pero no existen garantías de obtener beneficios. Los mercados pueden subir y bajar y todos los productos de inversión tienen algún nivel de riesgo.
Por eso, la mejor manera de empezar no es buscando una inversión milagrosa, sino aprendiendo primero cómo funciona el dinero que estás pensando en invertir.